El titular de la Asamblea Legislativa de las Islas, Jack Ford, desestimó los dichos del Presidente y repitió el argumento de siempre: «somos británicos». Pero la reacción del enclave colonial confirma que la ofensiva por la soberanía incomoda y ya está sobre la mesa del mundo.

La ofensiva de Javier Milei por Malvinas siguió generando ondas expansivas. Esta vez, la respuesta llegó desde el propio enclave: Jack Ford, titular de la Asamblea Legislativa de las Islas, salió a desestimar públicamente el reclamo del Presidente argentino. Pero, como suele ocurrir, el gesto de indiferencia terminó revelando lo contrario: quien realmente no está preocupado, no necesita salir a los medios a decirlo.

Consultado por una periodista inglesa sobre la definición de Milei —que calificó a Malvinas como «la causa más importante y sagrada que tiene la Argentina»—, Ford recurrió al libreto de siempre: «Mi reacción es la de la mayoría de las personas de las Islas y es que esto no es nada nuevo. Estas palabras vienen saliendo desde Argentina hace muchísimos años y veremos que seguirán saliendo». Y remató: «No estamos preocupados por las declaraciones del presidente de Argentina».

Sobre el anuncio más concreto del Gobierno —las sanciones a las empresas que operen en las Islas sin autorización argentina—, el funcionario del enclave intentó restarle peso: «Estamos acostumbrados a las amenazas de Argentina. Estas amenazas para las empresas que operan en la industria del aceite no son nada nuevo». Según Ford, siempre pudieron «seguir operando y prosperando» pese a los reclamos.

La bravuconada, sin embargo, choca con la realidad de los últimos días: la Cancillería argentina ya envió cerca de 180 notas de desaliento a empresas y a más de 29 países, y el yacimiento Sea Lion volvió al centro de la disputa. La «tranquilidad» que exhiben los isleños convive con una presión diplomática que no para de crecer.

Ford también quiso desactivar el factor Estados Unidos. Aseguró que la posición de Washington sigue siendo «la neutralidad». Lo llamativo es que fue el propio Donald Trump quien, días atrás, abrió la puerta a rever esa postura histórica al admitir que «siempre» revisa todas las posiciones. Es decir: mientras el enclave insiste en que nada cambió, el tablero geopolítico ya empezó a moverse.

El cierre de Ford resumió el corazón del problema: «Somos británicos y seguiremos siéndolo mientras los isleños de las Malvinas deseen ser británicos». La frase expone, sin quererlo, la lógica del colonialismo del siglo XXI: una población trasplantada por la potencia ocupante que se arroga el derecho de decidir sobre un territorio que la comunidad internacional reconoce como disputado. Justamente lo que la ofensiva argentina viene a poner en discusión.

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