Según el REM del Banco Central, la inflación interanual perforaría el 20% en los próximos doce meses: una baja de casi 13 puntos desde el nivel actual. Con el dólar tranquilo y el Tesoro remonetizando, el plan de estabilización entra en su tramo más contundente.
La desinflación dejó de ser una promesa para convertirse en una proyección concreta que hasta el propio mercado da por descontada. Según el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que difunde el Banco Central, los analistas estiman que en los próximos doce meses la inflación interanual bajará de manera sustancial y se ubicará en torno al 20%. De verificarse, sería una caída cercana a los 13 puntos respecto del nivel actual.
El foco inmediato está en el dato que se conoce este jueves. Agosto se perfila como el mes de menor suba de precios del año, con la incógnita de si quedará cerca del mejor registro de toda la gestión de Javier Milei: el 1,5% de mayo de 2025. Pero lo verdaderamente relevante no es un mes aislado, sino la tendencia: el REM proyecta subas mensuales en un rango de entre 1,6% y 1,8% al menos hasta principios del año próximo, con un 2027 que también cerraría cerca del 20%.
La comparación con el pasado reciente muestra por qué esta vez el escenario es distinto. En 2025, el cimbronazo cambiario preelectoral disparó el dólar y contaminó los precios, empujando el IPC hasta un pico de 3,4% en marzo. Hoy la película es la contraria: el dólar está calmo y la dinámica es descendente, no ascendente.
La clave de todo, como siempre, es el tipo de cambio. Y ahí el Gobierno muestra músculo. El ministro de Economía, Luis «Toto» Caputo, fue categórico la semana pasada en el evento del IAEF: «El Banco Central ya compró USD 14.000 millones, pero además tenemos distintos instrumentos para actuar, junto a los swaps con China y Estados Unidos». Traducido: el «poder de fuego» para contener cualquier presión sobre el dólar es hoy muchísimo mayor que el del año pasado. La comparación con el 2025 quedó atrás.
Los factores que aún mantienen la inflación arriba del 30% también se están desactivando. Los analistas del REM proyectan un dólar mayorista en $1.625 para fin de año —otra vez a la baja—, aumentos de tarifas cada vez más moderados y una nafta que no subiría, salvo shock externo por el conflicto en el Golfo Pérsico.
El premio para el bolsillo llega por añadidura: si la inflación se consolida por debajo del 2% mensual, mejora el ingreso real de los argentinos, una de las metas centrales del programa. Y el Gobierno ya empezó a mover la otra pata del plan, la remonetización: la semana pasada el Tesoro no renovó la totalidad de un vencimiento e inyectó unos $500.000 millones, lo que llevó tranquilidad a las tasas —la caución bursátil bajó del 20%— sin mover el dólar, que incluso arrancó septiembre con una leve caída.
El equilibrio es delicado: sostener la desinflación mientras se reactiva la economía. Pero el rumbo, por primera vez en años, tiene una brújula clara. Bajar la inflación con paciencia y disciplina monetaria, tal como se planteó desde el día uno, está empezando a dar exactamente los resultados prometidos.





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