De cara a la reforma electoral que elimina las PASO, el Gobierno condicionó los futuros acuerdos electorales de 2027 al respaldo de gobernadores y partidos aliados. El mensaje de Karina Milei fue directo: coherencia con el cambio, o no hay lugar en la mesa.

Con el debate por la reforma electoral a punto de arrancar en el Senado, el Gobierno decidió terminar con las ambigüedades. La Libertad Avanza puso sobre la mesa una condición clara para sus socios políticos: quien no acompañe la eliminación de las PASO no va a contar con el respaldo del oficialismo para armar listas de cara a 2027.

La instrucción llegó desde el corazón mismo del armado político libertario. Karina Milei, principal responsable de la estrategia electoral de La Libertad Avanza, les bajó línea a los principales referentes del partido para que el mensaje quedara sin ambigüedades ante gobernadores y partidos aliados: los acuerdos electorales se construyen con quienes acompañan el cambio, no con quienes juegan a dos puntas.

Un integrante del círculo íntimo de la hermana del Presidente lo resumió sin vueltas: «El gobernador que no apoye, no va a ser tenido en cuenta para futuros acuerdos». Coherencia, no cálculo. Esa es la regla que baja desde Balcarce 50.

La eliminación de las PASO no es un capricho. Se trata de sacarle a la política una elección completa —con su correspondiente gasto para el Estado y para los propios partidos— en un esquema en el que, según reconoce la propia Casa Rosada, el kirchnerismo es el principal interesado en mantenerlas, porque necesita esa interna abierta para dirimir sus propias peleas. Menos elecciones, menos costo fiscal, menos aparato: la lógica de siempre.

El encargado de conseguir los respaldos necesarios es el jefe de Gabinete, Diego Santilli, con el objetivo de que la reforma esté aprobada antes de las elecciones del año próximo. Puertas adentro, el oficialismo ya definió el criterio con el que se van a construir las alianzas rumbo a 2027: acuerdos lo suficientemente amplios como para no desperfilar al electorado, pero con una condición no negociable de fondo. «Los acuerdos pasan por otro lado. Hay que tratar de que no se desperfile el electorado», explicó una fuente oficial.

El mensaje de fondo es el que viene marcando a esta gestión desde el primer día: no hay margen para el gobernador que juega a dos puntas, que critica puertas adentro y aplaude puertas afuera. La lealtad al cambio se demuestra con los votos, no con las declaraciones. Y esta vez, el que no está, se queda afuera de la mesa.

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