La diputada nacional por Neuquén Soledad Mondaca denunció en un video que la Legislatura provincial financia un programa llamado «Jóvenes Líderes» que recorre toda la provincia y cuyo contenido central es la perspectiva de género y el lenguaje inclusivo y no sexista. Su argumento es tan directo como incómodo para el oficialismo provincial: el Estado no está para bajarle ideología a nadie, y menos con plata pública.
Hay programas del Estado que son exactamente lo que dicen ser. Y hay programas del Estado que dicen una cosa y hacen otra.
La diputada nacional por Neuquén Soledad Mondaca (La Libertad Avanza) tomó el caso del programa «Jóvenes Líderes Políticos y Comunitarios», organizado por la Legislatura de Neuquén con fondos públicos provinciales, y lo puso en el centro del debate esta semana.
El programa no es nuevo. La Legislatura lo viene ejecutando desde hace más de una década, y en su actual forma alcanzó ya más de 14 ediciones con cientos de participantes. Se dirige a jóvenes de entre 18 y 30 años de toda la provincia, los lleva a recorrer localidades neuquinas y los forma en lo que el propio programa define como «herramientas para el liderazgo político y comunitario».
Hasta ahí, razonable. El problema es lo que hay adentro.
Lo que el programa enseña
La Legislatura es explícita sobre los contenidos del programa. Entre sus módulos figuran: sistema político y electoral argentino, bases del gobierno neuquino, historia provincial, transformación digital, comunicación política y —en un lugar protagónico— «género y diversidad» con «énfasis en la igualdad de género» y el uso de lenguaje inclusivo y no sexista.
La provincia de Neuquén fue incluso pionera en Patagonia en incluir lenguaje inclusivo en los documentos presupuestarios públicos, bajo el decreto 855/22 firmado por el exgobernador Omar Gutiérrez. La continuidad bajo Figueroa es evidente: el programa sigue corriendo, sigue recorriendo localidades, y sigue con la perspectiva de género como eje transversal.
Mondaca lo observó, lo analizó y lo dijo sin eufemismos en su video:
«Crearon un programa para formar referentes políticos. ¿Y qué les enseñan? El lenguaje inclusivo y no sexista. O sea, ideología pura y dura. No es chiste.»
El argumento de fondo
La diputada fue más allá de la crítica al lenguaje. Planteó una pregunta que toca el corazón del debate sobre el rol del Estado en la formación de la juventud:
«El Estado no está para bajarle ideología a nadie. Formar líderes es enseñar a pensar, no decirles cómo tienen que hablar.»
Su argumento sigue una lógica coherente con el pensamiento libertario: el Estado neutral no promueve doctrinas. Si el Estado usa recursos públicos para entrenar jóvenes en una cosmovisión específica —la que define el género como autopercepción, que enseña que hay formas correctas e incorrectas de hablar, que excluye perspectivas biológicas como punto de partida— está incurriendo exactamente en la misma operación de la que acusa a sus críticos: imponer una única visión del mundo.
«La ideología de género es exactamente eso, una ideología. No es neutral ni ciencia, es un dogma que pone la autopercepción por encima de la biología. Y la biología no se autopercibe, nacemos varón o mujer. Y eso no lo cambia, ni una ley, ni un sentimiento, ni escribir en lenguaje ridículo.»
El efecto que denuncia
Mondaca también nombró un fenómeno que muchos jóvenes y padres reconocen: la cancelación como herramienta de control del pensamiento.
«Estos programas buscan confundir a los jóvenes justo cuando están formando su identidad, imponiéndoles una sola forma de pensar. El resultado es nefasto. El que dude o piense distinto es tildado de odiador y termina siendo cancelado.»
El argumento no es menor. Un programa estatal que forma «líderes comunitarios» con una perspectiva ideológica determinada no solo transmite contenidos: genera una comunidad de referentes que reproducirán esa visión en sus localidades. Es multiplicación ideológica con presupuesto público.
«A los jóvenes hay que darles herramientas para ser libres y pensar por sí mismos, no bajarles línea desde el Estado. Con la cabeza de nuestros hijos, no se mete nadie.»





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