Un día después de que Argentina presentara ante el Tribunal Internacional del Derecho del Mar el pedido de medidas cautelares contra Sea Lion, el asesor presidencial Santiago Caputo publicó en X un argumento que va más allá del litigio jurídico: Malvinas como causa de la civilización occidental en el Atlántico Sur. Milei lo reposteó.

El gobierno de Javier Milei viene construyendo la causa Malvinas en dos frentes simultáneos: el jurídico y el ideológico. El martes, Argentina presentó en Hamburgo el pedido de medidas provisionales al Tribunal Internacional del Derecho del Mar para frenar el proyecto Sea Lion. El miércoles, el asesor presidencial Santiago Caputo publicó en X el argumento filosófico-geopolítico que, en su visión, explica por qué la causa trasciende al propio Estado argentino.

«Recuperar Malvinas no es una causa solamente nacional. Es una causa de Occidente«, escribió Caputo. El Presidente lo reposteó.

El argumento de Caputo

El asesor arrancó con un elogio sincero al legado histórico del Reino Unido: «El Reino Unido fue en muchos sentidos la cuna de la civilización occidental moderna. Desde la Carta Magna en adelante, muchas de las instituciones de las democracias liberales han estado basadas en la tradición del constitucionalismo británico.»

Citó explícitamente a Adam Smith, John Locke, John Stuart Mill, Hume, Russell y Hobbes en filosofía y economía política, y a Newton, Darwin y Turing en ciencia. «La mayoría de las ideas o instituciones que explican el mundo occidental han surgido en Inglaterra o Escocia», afirmó.

Pero inmediatamente planteó el giro que le da sentido a todo el argumento: «Ver al Reino Unido siendo colonizado por el Islam no sólo es un riesgo inminente para la causa de Occidente todo, sino que es una tragedia en términos históricos para quienes defendemos las ideas de la libertad.»

Y ahí llegó la conexión con Malvinas: «Esta es otra de las razones por las que la Argentina debe proyectarse con firmeza hacia el Atlántico Sur y recuperar las Islas Malvinas. Dada la relevancia geopolítica estratégica que el Atlántico Sur tomará en las próximas décadas, Occidente no puede permitirse la injerencia de un Estado islámico en esa zona de influencia.»

El disparador inmediato fue un video compartido por el periodista Javier Negre, de La Derecha Diario, que mostraba a Sagal Abdi-Wali, una funcionaria británica de origen somalí, prestando juramento sobre el Corán.

La lectura geopolítica del gobierno libertario

El argumento de Caputo, más allá del tono confrontacional que generó reacciones, tiene una arquitectura interna coherente con la cosmovisión del gobierno de Milei: las islas son una posición estratégica en el Atlántico Sur, una de las rutas marítimas más importantes del mundo que conecta el Pacífico y el Atlántico, y que en el marco de la creciente competencia geopolítica global adquiere una relevancia que muchos analistas occidentales ya señalan.

Desde esa perspectiva, el argumento no es exclusivamente «las Malvinas son argentinas» —que lo son— sino que se inscribe en una narrativa más amplia: Argentina como parte del mundo occidental que debe consolidar su presencia en esa zona estratégica.

La frase «Inglaterra es el pasado, Argentina es el futuro», que circuló en medios como atribuida a Caputo en el mismo contexto, sintetiza esa visión: no se trata solo de un reclamo histórico, sino de un proyecto de posicionamiento del país.

El doble frente que el gobierno construyó en 48 horas

Lo notable del timing no es casual. En 48 horas, el gobierno de Milei ejecutó las dos palancas que tiene sobre el tema Malvinas:

El martes, el equipo jurídico encabezado por el canciller Pablo Quirno presentó ante el ITLOS los cuatro pedidos de medidas cautelares para detener Sea Lion. El miércoles, Caputo proveyó la narrativa ideológica que encuadra esa acción legal en un marco civilizacional más amplio.

Son dos mensajes distintos para dos audiencias distintas. El primero va a Hamburgo, al sistema de derecho internacional, a los operadores de Sea Lion y a sus financistas. El segundo va a la opinión pública argentina y al ecosistema de ideas libertarias y conservadoras que Milei representa globalmente.

Juntos componen la estrategia más agresiva que cualquier gobierno argentino haya ejecutado sobre Malvinas desde 1982. Sin armas. Con abogados, con argumentos y con una visión geopolítica que, guste o no, es coherente con el resto de la política exterior del Presidente.

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