El Banco Nación anunció que alcanzará los 40.000 créditos hipotecarios otorgados antes de que termine 2026. Con preaprobación digital en diez minutos, inclusión de monotributistas y montos que rondan entre USD 100.000 y USD 150.000, el banco más grande del país cambió radicalmente su destino: ya no financia el déficit del Estado, ahora financia la primera vivienda de la gente.

Durante décadas, el Banco Nación fue la caja del Estado. Cuando el kirchnerismo necesitaba plata para financiar su gasto, el banco —propiedad de todos los argentinos— ponía los recursos. Mientras tanto, las familias que querían una hipoteca encontraban tasas prohibitivas, procesos burocráticos kafkianos y puertas que se cerraban con cualquier excusa. La casa propia era para los que ya tenían casa, no para los que la necesitaban.

Eso cambió.

El Banco Nación confirmó que alcanzará los 40.000 créditos hipotecarios otorgados antes de que cierre 2026. El número es extraordinario: a principios de año, la proyección de la propia entidad era de entre 16.000 y 18.000 operaciones anuales. El ritmo real más que duplicó esa estimación. Y hay una razón estructural detrás de ese salto.

El mecanismo que lo hizo posible

La explicación la dio el propio banco con una frase que debería reproducirse en cada manual de política económica: el Banco Nación dejó de financiar el gasto público y volcó sus recursos al sector privado. Hoy el 60% de los fondos del BNA se destinan a crédito a la gente y a la inversión real. El 40% restante cubre su operatoria habitual. El kirchnerismo invirtió esa relación durante años: el banco financiaba el agujero fiscal primero y atendía al público con lo que sobraba.

Con esa transformación estructural, el crédito hipotecario explotó. Y siguió mejorando.

A principios de año, el banco digitalizó completamente el proceso de evaluación: preaprobación online en menos de 24 horas, sin necesidad de ir a una sucursal. La única instancia presencial que queda es la firma de escritura. Esa plataforma, llamada +Hogares con BNA, permite también elegir propiedades ya verificadas como aptas para financiamiento, eliminando otra capa de burocracia que frenaba las operaciones.

Ahora el proceso se acortó todavía más: la nueva versión permite obtener un preacuerdo digital en apenas diez minutos.

El acceso que el kirchnerismo bloqueó

El dato que más importa políticamente es la incorporación de los monotributistas. Durante años, este sector —que incluye a trabajadores independientes, freelancers, plomeros, electricistas, chefs, diseñadores, contadores, médicos y cientos de oficios y profesiones que trabajan por cuenta propia— estaba excluido del crédito hipotecario formal. Los bancos los miraban como si fueran ciudadanos de segunda categoría: sus ingresos no entraban en los formularios pensados para empleados en relación de dependencia.

El kirchnerismo no solo no resolvió eso: activamente desalentó el crédito hipotecario cuando gobernó. La gestión de Alberto Fernández y Massa cortó las líneas UVA con el argumento de que la inflación era peligrosa para los tomadores. Fue exactamente al revés: la inflación era peligrosa porque ellos la generaban. El crédito no era el problema.

Ahora los monotributistas pueden acceder a préstamos hipotecarios con financiamiento de hasta el 75% del valor de la propiedad, plazos de hasta 30 años, tasa del 6% fija para clientes del BNA y la posibilidad de sumar un co-titular o codeudor para alcanzar el monto necesario.

El perfil de quien llega a la ventanilla

El foco de la línea es la primera vivienda. El crédito promedio ronda los USD 100.000 a 150.000, cifras que en el mercado inmobiliario argentino corresponden a departamentos y casas de tamaño razonable en distintos puntos del país. No es un crédito para ricos. Es para la familia que lleva años pagando alquiler y calculando si alguna vez va a poder comprar.

La mora del portfolio hipotecario del BNA es del 0,9%, contra un promedio del sistema financiero de entre 6 y 7 puntos. Ese número confirma que la demanda es real y que quienes toman los créditos los pagan: no hay burbuja, no hay irresponsabilidad crediticia, hay familias que acceden a lo que históricamente les fue negado.

El contraste que no necesita explicación

El kirchnerismo usó el Banco Nación para financiar su gasto corriente. Milei lo usó para que 40.000 familias argentinas tengan su primera casa antes de que termine el año.

Esa es la diferencia entre política que consume y política que construye.

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