La Bolsa de Comercio de Rosario confirmó que Argentina acumuló superávits gemelos por tercer año consecutivo entre enero y agosto de 2026. El saldo comercial de USD 18.380 millones es el más alto para ese período desde 2009. Son 33 meses seguidos exportando más de lo que importamos. Y Vaca Muerta lidera con un salto del 43,9% en exportaciones de combustibles y energía.

Los números no discuten. No tienen ideología. No votan. Solo muestran lo que pasó.

La Bolsa de Comercio de Rosario publicó su informe sobre las cuentas externas y fiscales de la Argentina para los primeros ocho meses del año, y el resultado es el siguiente: superávit fiscal primario de $13,3 billones, superávit financiero de $2,6 billones y superávit comercial de USD 18.380 millones. Tres años consecutivos con ambos saldos positivos entre enero y agosto. La última vez que eso ocurrió fue en el trienio 2006-2008 — la era del superciclo de commodities que el kirchnerismo cobró como propio y dilapidó tan pronto como los precios internacionales empezaron a bajar.

Ahora volvió. Esta vez sin bonanza de commodities que lo explique todo. Con una inflación que bajó del 25% mensual al 3%. Con un sector energético que produce porque se le quitaron las trabas, no porque el Estado lo gerencia.

El superávit comercial que marca historia

USD 18.380 millones en ocho meses. No es solo el dato del año. Es el cuarto mejor registro desde que comenzó la serie estadística en 1993. Y es el más alto para el período enero-agosto desde 2009 —hace 17 años.

Detrás de ese número hay una estructura exportadora que está cambiando. Las exportaciones totales de bienes sumaron USD 67.766 millones, con una suba real del 17,5% interanual, y se ubicaron un 14,5% por encima del promedio de los últimos cinco años.

El rubro que más creció no sorprende: Combustibles y Energía, con un salto del 43,9%, traccionado por los mayores despachos de petróleo crudo y carburantes desde Vaca Muerta. El mismo yacimiento que el kirchnerismo estatizó en 2012 para «controlar» y que durante doce años de gestión política no logró convertir en exportador estructural de escala.

Las manufacturas de origen industrial crecieron casi 20% respecto de 2025. Los productos primarios, +11,7%. Las manufacturas agropecuarias, +10,2%.

El país también acumula 33 meses consecutivos de superávit comercial — una racha que no se lograba desde principios de 2013. Mayo de 2026 fue el pico: USD 3.450 millones en un solo mes.

El frente fiscal: superávit sostenido en siete de los ocho meses

En el plano de las cuentas públicas, el Estado ingresó $120,7 billones y gastó $107,4 billones entre enero y agosto. El superávit primario de $13,3 billones representa el tercer mejor resultado fiscal primario desde 2009, aunque cae un 15,9% en términos reales respecto del mismo período del año anterior.

La baja real tiene una explicación técnica: los ingresos cayeron 4,2% real porque el gobierno redujo las alícuotas de los derechos de exportación —una señal directa al sector agroexportador— y eso se trasladó en menos retenciones. Al mismo tiempo, los gastos también cayeron 2,5% real, con el gasto de capital en el nivel más bajo de los registros históricos para el período.

El único mes con resultado negativo fue junio, cuando coincidieron el pago del medio aguinaldo y el traslado de vencimientos de Ganancias. En los otros siete meses, superávit.

El relato vs. los datos

La oposición lleva meses construyendo un diagnóstico de colapso: que el ajuste destruyó el empleo, que el consumo no se recupera, que la inversión no llega, que el modelo es insostenible. Los datos del informe de la BCR no trabajan en ese registro.

Una economía que en diecisiete años no había logrado generar el superávit comercial que genera hoy. Un sector energético que exportó un 44% más porque se desreguló y se crearon las condiciones para invertir. Un Estado que gasta menos de lo que recauda por tercera vez consecutiva. Y 33 meses seguidos de exportar más de lo que importamos.

No son todos los indicadores que importan. El consumo real todavía se recupera lentamente. El empleo informal sigue siendo un problema estructural. Los salarios reales vienen de un golpe muy duro. Hay deuda y hay dudas sobre el tipo de cambio.

Pero los superávits gemelos no mienten. Son el piso sobre el que se construye el resto.

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