YPF y Essential Energy anunciaron la creación de Santa Fe Bio, una biorrefinería que convertirá la ex refinería de San Lorenzo en el primer productor de Combustible Sostenible de Aviación (SAF) de la Argentina. El SAF es entre 2 y 6 veces más caro que el combustible convencional, el mundo lo necesita desesperadamente y nadie tiene suficiente. Argentina tiene el campo para producirlo. Ahora tiene también el marco para hacerlo.

Hay commodities que se producen en abundancia. Y hay commodities que el mundo necesita con urgencia y que nadie puede proveer en cantidad suficiente. El SAF —Sustainable Aviation Fuel, Combustible Sostenible de Aviación— pertenece a la segunda categoría. Y a partir de este anuncio, Argentina va a producirlo.

YPF confirmó un acuerdo histórico con la firma Essential Energy para crear Santa Fe Bio, una sociedad que reconvertirá la ex refinería de San Lorenzo en una biorrefinería de última generación. La inversión total asciende a USD 400 millones, financiada en gran parte bajo el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI) implementado por el gobierno de Javier Milei. El objetivo final: producir 170.000 toneladas de SAF por año y exportar hasta USD 600 millones anuales.

Por qué el SAF es «el más caro y demandado del mundo»

El SAF no es un lujo verde para aerolíneas con presupuesto extra. Es una obligación que se viene. Desde 2027, bajo el esquema CORSIA de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), todos los países que en 2018 representaban más del 0,5% de las emisiones globales de aviación deberán comenzar a reducir sus emisiones. La aviación comercial genera aproximadamente 682 millones de toneladas de CO2 al año. El SAF reduce esas emisiones hasta un 80% respecto al combustible convencional.

El problema es que casi no hay. En 2024, la producción global de SAF representó apenas el 0,5% del total del combustible consumido por la aviación. Para que la industria cumpla sus compromisos climáticos mínimos hacia 2030, esa producción debe crecer casi diez veces. Ochenta y una aerolíneas ya firmaron 170 acuerdos de suministro. La demanda está. La oferta, no.

Y el precio refleja esa escasez: el SAF cuesta entre 2 y 6 veces más que el combustible de aviación convencional. Cuando la oferta escasea y la demanda regulatoria es obligatoria, el precio no va a bajar pronto.

Por qué Argentina puede jugarlo

Argentina tiene tres ventajas estructurales para convertirse en un proveedor relevante de SAF global.

La primera es el campo. El SAF se produce a partir de materias primas como aceite de cocina usado, residuos de cultivos, melaza de caña de azúcar y soja. Argentina es uno de los mayores productores mundiales de soja y tiene una de las agroindustrias más competitivas del planeta. La materia prima está.

La segunda es la infraestructura. La ex refinería de San Lorenzo ya existe, ya tiene instalaciones, ya tiene conexiones logísticas. No se construye desde cero: se reconvierte. Y San Lorenzo es un puerto, lo que la hace ideal para la exportación directa hacia Estados Unidos y Europa —los dos mercados con mayor mandato regulatorio de SAF del mundo.

La tercera es el RIGI. Sin el régimen de incentivos que Milei implementó, esta inversión no existiría en Argentina. Es la misma herramienta que trajo a Toyota con USD 1.341 millones, a Pluspetrol con USD 12.400 millones y a una ola de proyectos energéticos que están transformando el perfil exportador del país. El RIGI da certeza jurídica y fiscal a largo plazo. Eso es lo que el capital privado necesita para comprometerse con proyectos que tardan años en completarse.

El proyecto en fases

La primera fase de Santa Fe Bio instala el pretratamiento de materias primas. La segunda, que tendrá operación plena hacia finales de 2029, pone en marcha la biorrefinería con capacidad de 170.000 toneladas de SAF por año más producción de HVO (diésel renovable) para transporte terrestre.

«El objetivo final es vender combustible SAF para los aviones y generar exportaciones por hasta USD 600 millones al año», dijo el presidente de YPF, Horacio Marín, al recorrer las instalaciones en construcción.

Argentina tenía el campo, la infraestructura y la posición geográfica para hacer esto hace años. Lo que faltaba era un marco que dejara al sector privado invertir sin miedo a que cambiaran las reglas a mitad de camino. Eso llegó con el RIGI. Y ahora la biorrefinería está en construcción.

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