Milei lo había dicho en julio, parado en el escenario del Mercado Livre Arena Pacaembú de San Pablo, con Flávio Bolsonaro al lado y miles de militantes del Partido Liberal brasileño en la cancha: «Se viene la marea azul para Brasil.»
El 4 de octubre, la marea llegó.
Flávio Bolsonaro, senador, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y candidato presidencial del PL, ganó la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil. El resultado fue una sorpresa para las encuestas, que le daban ventaja a Luiz Inácio Lula da Silva para la reelección. Con los primeros datos del escrutinio, Flávio superó los 50 puntos con más de 10 de diferencia sobre su rival. A medida que avanzó el conteo, la brecha se achicó y quedó confirmado el balotaje. Pero el dato político no cambió: la derecha brasileña llegó primera.
Milei tardó minutos en reaccionar. Su posteo en X lo dijo todo:
«La Libertad Avanza en Brasil. Felicitaciones querido amigo Flávio Bolsonaro, por esta histórica elección ante el comunista de Lula. El continente americano es de ciudadanos que quieren vivir en libertad. Espero que pronto podamos empezar a trabajar juntos para que la Argentina y Brasil sigan siendo grandes socios comerciales, culturales y políticos. Las oportunidades para nuestras naciones, trabajando juntos, son infinitas. VIVA LA LIBERTAD CARAJO…!!»
La frase no es solo un festejo. Es la hoja de ruta de lo que viene si Flávio gana el balotaje de fines de octubre: una alianza entre los dos países más grandes de América del Sur bajo gobiernos libertarios, con agenda de apertura comercial, reducción del Estado y defensa de la propiedad privada. El mismo eje que Flávio Bolsonaro había definido en julio, en respuesta al apoyo de Milei: «Si en Argentina hubo motosierra, en Brasil habrá tijeretazo en los impuestos, en la burocracia y en la corrupción.»
El contexto de un giro histórico
El resultado de Brasil no es un hecho aislado. Es el tercer capítulo de una secuencia que Milei viene construyendo con determinación geopolítica. En julio, fue a Lima para la asunción de Keiko Fujimori en Perú —otra victoria de la derecha que el kirchnerismo predijo imposible. En julio también viajó a San Pablo para respaldar el lanzamiento de la candidatura de Flávio en la Convención Nacional del PL, donde recibió la Orden de Ipiranga —la máxima distinción del Estado de San Pablo— de manos del gobernador Tarcísio de Freitas. Ahora, Brasil en primera vuelta.
El mapa de América Latina está cambiando. Y Milei lo está leyendo con meses de anticipación.
Patricia Bullrich, jefa del oficialismo en el Senado, también festejó: «Se unen todos los vientos en una misma dirección en Latinoamérica. Argentina y Brasil tienen una oportunidad histórica: más comercio, más inversiones y más trabajo. Es tiempo de dejar atrás el populismo.»
Del otro lado: el kirchnerismo en el búnker de Lula
Mientras Flávio Bolsonaro se imponía en primera vuelta, la diputada kirchnerista Victoria Tolosa Paz ya estaba en Brasil, dentro del búnker del Partido de los Trabajadores, con una foto junto a Lula y un texto que pidió «retomar en Argentina a partir de octubre del 2027» el camino de la «transformación, la inclusión y la dignidad». El diputado socialista Esteban Paulón animó a «bora Lula» desde sus redes. Sergio Massa también expresó su respaldo al mandatario brasileño.
El mapa quedó dibujado sin posibilidad de confusión. Los mismos que en Argentina defienden el modelo estatista, el déficit y el relato progresista eligieron el mismo bando en Brasil. Los mismos que acá acusan a Milei de injerencia extranjera por apoyar a Bolsonaro son los que viajan a sentarse en el búnker del candidato de izquierda del país vecino.
El balotaje se jugará a fines de octubre. Las encuestas se equivocaron en la primera vuelta. La marea azul que Milei anticipó en julio ya tiene fecha de segunda vuelta.





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