El acuerdo Mercosur-Unión Europea, firmado en enero de 2026 y vigente desde el 1° de mayo, ya tiene sus primeros números concretos. Las exportaciones agroindustriales argentinas al bloque europeo crecieron 21% y alcanzaron los USD 1.922 millones en los primeros cuatro meses. Los rubros con desgravación arancelaria directa dispararon un 44%. La apertura económica no es un eslogan: es una factura exportable.

La negociación arrancó en 1999. Duró veintiséis años. Se cayó, se retomó, se frenó, se bloqueó, se volvió a caer. Durante buena parte de ese cuarto de siglo, los gobiernos kirchneristas la resistieron activamente: la apertura comercial contraría el modelo de sustitución de importaciones, la industria nacional no puede competir, los puestos de trabajo están en riesgo. Las excusas eran siempre las mismas.

El 17 de enero de 2026, en Asunción, Javier Milei firmó el Acuerdo de Asociación Mercosur-Unión Europea. Cuatro meses después de su entrada en vigor, los números hablan solos.

Las exportaciones agroindustriales argentinas al bloque europeo crecieron 21% desde que el acuerdo está vigente, alcanzando los USD 1.922 millones. Pero el dato más contundente está en los rubros que recibieron desgravaciones arancelarias directas, es decir, los productos donde el acuerdo realmente movió la aguja: esas ventas crecieron 44%.

El desglose por sector no deja margen para la ambigüedad. La pesca argentina exportó un 93% más que en el mismo período del año anterior. Los cítricos crecieron un 59%. La carne bovina, históricamente uno de los principales productos de exportación argentinos, aumentó un 50%.

No son proyecciones. No son estimaciones. Son los primeros resultados reales de una política que Milei implementó cuando el resto de la dirigencia política argentina llevaba décadas justificando por qué no se podía hacer.

El tamaño del acuerdo

Para entender la magnitud de lo que se firmó conviene poner los números en perspectiva. La Unión Europea es el segundo mayor importador del planeta, con el 13% de las compras internacionales. El bloque tiene 450 millones de habitantes y representa el 15% del producto bruto mundial. El acuerdo establece que la UE eliminará aranceles para el 92% de las exportaciones del Mercosur, valuadas en aproximadamente USD 61.000 millones. El 99% de las exportaciones agrícolas del Mercosur hacia Europa quedará beneficiado.

Las cuotas que se acordaron para productos agrícolas son, según el propio Gobierno argentino, «las más grandes jamás otorgadas por la Unión Europea». Argentina ya está usando más del 70% de la cuota de miel, más de la mitad de la cuota de etanol y más de un tercio de la cuota de arroz disponible.

Las proyecciones de largo plazo son todavía más ambiciosas: las exportaciones argentinas a la UE podrían crecer hasta 76% en los primeros cinco años y hasta 122% en un horizonte de diez años, según estimaciones de la Cancillería.

La Bolsa de Comercio de Rosario confirmó, con datos al cierre de julio, que las exportaciones totales argentinas hacia la Unión Europea acumulaban USD 5.191 millones en los primeros siete meses del año, un crecimiento del 19% respecto al mismo período del año anterior.

El costo del kirchnerismo comercial

Durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, y de Alberto Fernández, la posición argentina en las negociaciones Mercosur-UE fue sistemáticamente de resistencia. El argumento siempre fue el mismo: la industria nacional necesita protección, la apertura destruye empleo, el libre comercio beneficia a los países ricos a costa de los países en desarrollo.

Mientras tanto, Chile firmó su acuerdo con la UE en 2002 y acumula décadas de crecimiento exportador. Colombia y Perú accedieron al mercado europeo años antes que Argentina. México lleva más de veinte años con acceso preferencial al bloque. Y Argentina esperó.

Cada año de demora tuvo un costo real y concreto: exportaciones que no se hicieron, mercados que no se desarrollaron, empleo en el sector agropecuario, pesquero y agroindustrial que no se generó porque los aranceles europeos lo hacían inviable.

El modelo de protección industrial que De Mendiguren y el kirchnerismo defendieron durante décadas no solo encareció la ropa para los argentinos: también les cerró los mercados externos a los productores que podían competir en el mundo.

Cuatro meses de vigencia del acuerdo. Pesca +93%. Cítricos +59%. Carne bovina +50%. Esos números no son el resultado de un slogan. Son el resultado de haber firmado lo que el kirchnerismo bloqueó durante un cuarto de siglo.

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