El Ministerio de Economía aprobó el RIGI de Toyota para renovar y electrificar la producción de Hilux en Zárate. Es la primera automotriz en ingresar al régimen, la cifra supera cualquier inversión industrial anterior en el sector y llega con Milei y Caputo como anfitriones. Las reglas claras generaron lo que cuatro décadas de intervención estatal no pudieron.
Durante cuarenta años, la Argentina tuvo una industria automotriz que producía a pesar del Estado, no gracias a él. Tipos de cambio diferenciales, cepos a las importaciones, retenciones, inflación estructural, presión tributaria récord e incertidumbre jurídica permanente. Las terminales producían igual porque el mercado regional lo justificaba. Pero invertir en grande, apostar a largo plazo, traer tecnología nueva: eso no pasaba.
Esta semana pasó.
El Ministerio de Economía aprobó el RIGI de Toyota Argentina por USD 1.341 millones, convirtiéndolo en el primer ingreso de una terminal automotriz al Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones y, de paso, en la inversión más grande en la historia de la industria automotriz argentina. El propio ministro Luis «Toto» Caputo lo anunció en sus redes con dos palabras: «Nuevo RIGI aprobado.»
Los fondos se destinarán a la planta de Zárate, donde Toyota produce sin parar desde 1997. La apuesta es la próxima generación de la Hilux —el vehículo más producido en la historia industrial argentina, con más de 1.679.000 unidades fabricadas—, que en su nueva versión incorporará tecnología de electrificación. Para eso, la firma nipona creará una sucursal dedicada y desarrollará una planta industrial paralela a la existente, que ya opera a máxima capacidad.
El número supera todo lo que la industria había visto. La última gran inversión de Toyota en Argentina había sido el desembolso de USD 800 millones para la octava generación de Hilux, un proyecto que terminó rozando los USD 1.000 millones. Ahora lo superó en más de un tercio.
Y no es un caso aislado. La aprobación del RIGI desató una ola de compromisos concretos que acumulan más de USD 3.300 millones en el sector automotriz en los últimos dos años: Ford invirtió USD 700 millones en Pacheco para la nueva Ranger; Volkswagen comprometió USD 580 millones para fabricar la nueva Amarok desde 2027; Renault desembolsó USD 350 millones en Santa Isabel, Córdoba, para su pick-up Niágara; Stellantis puso USD 385 millones para producir la Titano y la Dakota en la misma provincia.
Lo que cambió no fue el mapa geográfico ni los recursos naturales. Lo que cambió fue el marco. El RIGI ofrece exactamente lo que las terminales reclamaban y nunca tenían: estabilidad fiscal, libertad para girar utilidades, previsibilidad jurídica y reglas que no cambian con cada elección. «El RIGI da reglas claras para el largo plazo. Eso, en la Argentina, es un valor relevante», había anticipado en junio el propio presidente de Toyota Argentina, Gustavo Salinas, antes de que se conociera el monto definitivo.
Toyota produce en Zárate y exporta a 22 países de América Latina. La Hilux es el auto más vendido en varios mercados regionales simultáneamente. Cuando una empresa así decide poner USD 1.341 millones en un país, no lo hace por simpatía. Lo hace porque el cálculo de riesgo-retorno cierra. Y cierra porque alguien construyó las condiciones para que cierre.
Cuarenta años de intervención estatal no pudieron lograrlo. Menos de dos años de RIGI trajeron el récord.





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