Una delegación de senadores nacionales recorrió esta semana un equipo de perforación de YPF en el corazón de Vaca Muerta. La senadora neuquina Nadia Márquez y su par Pablo Cervi, que encabezó la comitiva, fueron testigos de primera mano del yacimiento que el mundo ya pone en el mapa y que la Argentina tardó décadas en dejar producir.
No hacen falta discursos. En Loma Campana, los argumentos los da la tierra.
Una delegación de nueve senadores nacionales recorrió esta semana el área operativa de YPF en el corazón de Vaca Muerta. El destino fue un equipo de perforación en pleno funcionamiento: fierros, tecnología, trabajo real y divisas en formación. Los mismos recursos que durante décadas se miraron desde Buenos Aires como si fueran un decorado, sin terminar de entender —o sin querer entender— la magnitud de lo que Argentina tenía bajo los pies.
El senador neuquino Pablo Cervi fue el articulador de la jornada. A su lado, la también senadora por Neuquén Nadia Márquez, quien desde su llegada al Senado lleva adelante una agenda sistemática de acercamiento al sector energético: la convicción de que no se puede legislar sobre lo que no se conoce de cerca.
La recorrida ofreció lo que ningún informe puede reemplazar: la escala. Ver de cerca la maquinaria, la perforación, los turnos de trabajo, la infraestructura y la logística que sostienen uno de los polos de producción no convencional más importantes del mundo. La segunda reserva global de gas no convencional. La cuarta de petróleo. Todo en suelo argentino. Todo, durante décadas, frenado.
«La inversión, el trabajo y las reglas claras permiten transformar nuestros recursos en producción, exportaciones y oportunidades para Neuquén y para todo el país», expresó Cervi al concluir la visita.
La frase tiene historia detrás. Porque no hubo reglas claras. Hubo trabas. Hubo presión impositiva, nacionalizaciones, incertidumbre jurídica, discrecionalidad y un Estado que prefirió administrar el petróleo antes que producirlo. El resultado fue una formación geológica extraordinaria que exportó frustración durante cuarenta años.
Lo que está cambiando ahora no es el subsuelo. Es el marco. La gestión del presidente Javier Milei instaló un régimen de incentivos que la industria no veía desde hace generaciones. El RIGI ya suma siete proyectos aprobados en Neuquén, con un último paquete de inversión de 4.521 millones de dólares. El megaacuerdo con Estados Unidos para el Corredor Andes-Atlántico comprometió hasta 7.000 millones de dólares adicionales en infraestructura. Las plantas flotantes de GNL frente a las costas de Río Negro proyectan operaciones desde 2031.
«Vaca Muerta es un faro para la Argentina y una muestra de todo lo que podemos lograr cuando transformamos nuestros recursos en desarrollo», escribió Cervi al cierre de la jornada.
Un faro. No un eslogan. Una inversión que se mide en dólares, en pozos, en puestos de trabajo genuinos y en exportaciones que llegan donde el campo y la industria hace tiempo no alcanzan.
Lo que estos senadores fueron a ver no es el futuro. Ya está sucediendo.





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