Argentina y Estados Unidos firmaron un mega acuerdo de inversión por USD 7.000 millones para crear el «Corredor Andes-Atlántico», un esquema de financiamiento que modernizará la infraestructura energética, ferroviaria y portuaria para exportar minería, petróleo y gas hacia Occidente. El grueso de los fondos irá al proyecto Argentina LNG, la inversión más grande en la historia del país.
La «diplomacia de los abrazos» que caracterizó al vínculo entre Javier Milei y Donald Trump se tradujo, esta vez, en dólares concretos y contantes. Los gobiernos de la Argentina y Estados Unidos firmaron un mega acuerdo de inversión por USD 7.000 millones para crear el denominado «Corredor Andes-Atlántico», un esquema inédito de financiamiento que busca despejar el camino logístico para que la minería, el petróleo y el gas argentinos fluyan sin trabas hacia los mercados de Occidente.
La ceremonia se llevó a cabo este miércoles en el Consulado argentino en Nueva York, donde el canciller Pablo Quirno y el subsecretario de Estado norteamericano, Chris Landau, firmaron el acuerdo en representación de ambos mandatarios. La mesa principal sumó a pesos pesados de la economía argentina, como el ministro Luis Caputo y el titular de YPF, Horacio Marín, junto a ejecutivos clave del área comercial y diplomática de Washington: una foto que confirma el volumen político y económico de la iniciativa.
El corazón de este desembarco millonario, previsto para ejecutarse en 2027, apunta directamente a Vaca Muerta. Según trascendió, el grueso de ese dinero —unos 6.000 millones de dólares— funcionará como soporte financiero para el megaproyecto Argentina LNG, comandado por YPF junto a socios internacionales de Italia y Emiratos Árabes. Catalogado como la inversión más gigantesca en la historia del país, con un costo final que roza los USD 51.000 millones, el respaldo crediticio llegará a través del Banco de Exportaciones e Importaciones (Exim Bank) y la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional (DFC) de Estados Unidos.
Pero el Corredor abarca mucho más que la extracción de hidrocarburos. El plan integral incluye modernizar toda la infraestructura satélite: la expansión y privatización del tendido ferroviario —incluido el estratégico Belgrano Cargas y ramales clave hacia Bahía Blanca—, obras en telecomunicaciones, la revitalización de la Hidrovía y mejoras sustanciales en el transporte eléctrico de alta tensión. El objetivo es claro: eliminar cuellos de botella y agilizar el embarque de minerales críticos y energía desde el noroeste y la Patagonia hacia las terminales del Atlántico.
Para Washington, este pacto no es solo una oportunidad de negocios: es una jugada de seguridad geopolítica en un tablero global inestable. Frente a los bloqueos de transporte de combustible en Medio Oriente por las tensiones con Irán y Yemen, asegurar una cadena de suministros directa desde el Cono Sur se volvió una prioridad estratégica para Estados Unidos. El embajador Peter Lamelas celebró el acuerdo destacando que «el compromiso del presidente Trump y el liderazgo del presidente Milei» lograron materializar este lazo que conecta a la Argentina con Occidente.
El RIGI, la llave que abrió la puerta
El comunicado oficial del Departamento de Estado no dejó dudas sobre qué fue lo que terminó de convencer a los capitales norteamericanos para desembarcar en el país: destacó explícitamente el rol central de las reformas económicas argentinas, con el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI) como la herramienta que brinda los escudos fiscales, cambiarios y aduaneros necesarios para garantizar la viabilidad de largo plazo de proyectos de esta escala. La seguridad jurídica, otra vez, funcionando como el imán que atrae inversión real.
Por su parte, la Cancillería argentina ratificó el compromiso de profundizar este modelo jurídico pro-mercado, comprometiéndose a seguir ofreciendo normativas «transparentes, predecibles y efectivas» que protejan a los financistas y abran la puerta a la participación de empresas estadounidenses en futuras licitaciones y concesiones de obras públicas.
El anuncio llegó horas después del debut de Milei ante la Asamblea General de la ONU, donde invitó a las corporaciones a aprovechar «la oportunidad histórica» de Vaca Muerta, pero también trazó una línea geopolítica firme vinculada al reclamo nacional: «Esta invitación tiene un límite: no seremos indiferentes frente a quienes exploten recursos bajo ocupación externa ilegal», advirtió, en un mensaje directo sobre la exploración británica en las Islas Malvinas. Inversión y soberanía, de la mano, en la misma semana.





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